Pupilas dilatadas para entrever
de la oscuridad tu resplandor.
Tan lejos te me presentas
que aún dudo seguir soñando.
Pero, y me contento por ello,
te acercas tan suavemente
y tu embriagador perfume envuelve
lo que ha quedado de mi en la tierra,
porque mi mente, te aseguro tajante,
ha volado muy alto en tu contacto.
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