Sin más dilación,
te sugiero que reposes
en tu aposento sagrado,
y que esperes solo un beso
que pueda despertarte de tu letargo.
Solo unos labios que te saquen
del país de los sueños,
como solo unas manos
pudieron desclavar
una espada por un reino.
Caballero como Arturo,
si me quieres comparar,
mi espada son tus labios
y mi reino es tu cuerpo.
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