La hierba verde y el cielo azul reflejaban
cual bello paraíso en tus ojos,
que se traducía insignificante
en comparación a tu sublime rostro.
Lo intenté, ya te cuento que traté,
pero no pude por más que rendirme
ante tus nervios, tu aliento,
el amor que respirabas tan profundo,
y el sol que escapaba de tu sonrisa.
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