Duraderos inviernos nostálgicamente rememorados
por aquél que vivió penurias menos que merecidas.
Sonrisa débil en un rostro curtido de pobreza,
unos ojos que reflejan la dureza de los golpes,
hogar abandonado imperativamente, olvidado,
cuando acechaba tras cada rincón desgracia y miseria.
Ancianos que pasean, que cuentan historietas
de un mundo de batallas, de civiles luchando por la vida,
fornidos jornaleros, refinados doctores, trabajadores
asalariados y omnipotentes amas de casa.
Esfuerzo y esperanza para resurgir en el mañana
dignos de toda adulación, orgullosos de su linaje.
Dedicado a todos aquellos que hicieron posible que hoy estemos aquí
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