rasgando suave un lienzo antes baldío,
llenas de color mi atardecer y mi alba,
tu voz que describe mi sendero escondido.
Lúgubre travesía recorrieron mis huellas,
sirenas fuleras calumniaban su amor,
despejóse ante mi descubriendo la arboleda
el más tierno rostro, un obsequio, una flor.
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