Recordar eso que tanto añoras
y, sin embargo, se repite constantemente.
Una mirada que cada día consigue cautivarte
como ya lo hiciera la primera vez
que enrojeció tus mejillas
y aceleró tu corazón, calentando tu cuerpo.
Triste y vacía la Luna se sienta
a narrar la historia hacia su alrededor,
y atentas la escuchan diminutas estrellas,
que perdió una noche su vida, su amor.
Aquél que le contaba sus más profundos secretos
y que ahora vive enamorado, con insomnio.
Porque todas las noches son jóvenes
para sentir, crecer y enterrar el dolor.
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