Era una noche de luna llena, el cielo estaba estrellado, y en la atmósfera se podía sentir la dulzura del momento. La calidez de ambos corazones contrarrestaba el frío que les helaba el cuerpo.
Ahí estaban, cual dos pajarillos sobre una rama, cortejándose. Se miraban, sabiendo lo que querían, pero con la suficiente vergüenza para no poder expresarlo.
Al fin, y resultando asombrosamente extraño, la chica movió sus labios y de ellos salieron las palabras más hermosas: “Te quiero”.
Y así es como se recuerda ese día, y como ellos lo recuerdan a cada instante, porque desde ese sincero encuentro, todo en sus vidas cambió.
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